lunes, 26 de octubre de 2009

Los caminos perdidos

"Africa era potente. Para m'i, un niNo, la violencia era general, indiscutible. Estusiasmaba. En la actualidad, despu'es de tantas cat'astrofes y abandono, es dif'icil hablar de ella: pocos europeos han conocido ese sentimiento."
"Todo est'a tan lejos y tan cerca. Una simple pared fina como un espejo separa el mundo de hoy del mundo de ayer. No hablo de la nostalgia: esa pena desamparada nunca me caus'o placer. Hablo de sustancia, de sensaciones, de la parte m'as l'ogica."
El Africano, J.M.G. Le Cl'ezio.

viernes, 23 de octubre de 2009

"ANoranza de alguna parte" por Rafael Chirbes.

"Conoc'i el Mercado Central de Valencia cuando era un niNo, cogido alternativamente de las manos de mi abuela, de mis tias y de mi madre. Por eso su espacio bullicioso guarda todav'ia para m'i el color, los olores y esa intocada alegr'ia y malicia de la infancia.
Para un niNo pueblerino, la opulencia y variedad de productos, la cantidad de puestos que por entonces desbordaban las escaleras del edificio modernista y prolongaban el mercado en el exterior (...) compon'ian una fascinante cueva de Al'i Bab'a, un abigarrado zoco cuya belleza y variedad de ruidos y colores me llenaban de un aturdimiento que no volvi'o a capturarme hasta muchos aNos m'as tarde en mercados remotos (...). Claro que mientras que la excitaci'on que me ha invadido en esos lugares alejados ha sido de cegadora extraNeza, en este Mercado de Valencia me invita a un reconocimiento, a un siempre aplazado reencuentro con las ra'ices.
Le'i la descripci'on que hace Blasco Ib'anez sobre el Mercado Central en "Arroz y Tartana" a finales de la d'ecada de los cincuenta, cuando -siendo todav'ia un niNo- ya no vivi'a en Valencia y s'olo iba a mi tierra espor'adicamente.
Le'i las p'aginas de Blasco en una ciudad castellana, y me trajeron, quiz'a por primera vez en la vida, un sentimiento que luego me ha acompaNado en tantas ocasiones: la aNoranza de alguna parte.
Tambi'en yo me reconoc'ia hijo de aquella torpe abundancia sin alma que el espiritual y 'arido invierno de Castilla, a la sombra cecial de relicarios y sepulcros santos, costaba hasta imaginar."

No veo qu'e podr'ia aNadir.
Tambi'en yo conoc'i el Mercado Central de Valencia de niNa, cogida alternativamente de las manos de mi abuela, de mi tia y de mi madre.
Las expediciones organizadas por mi abuela eran m'as r'apidas y meticulosas. Todo estaba previsto: los puestos, la lista, el dinero, los saludos de siempre a las tenderas de toda la vida. Para m'i era un prodigio observar la habilidad de mi abuela a la hora de colocar las cosas en el carro. Cada verdura, el pescado, las fresas, las papas, las aceitunas,...
Consegu'iamos hacer la compra en tiempo record para volver nuevamente a casa a ver al abuelito que seguramente segu'ia sentado leyendo la prensa en el sal'on, junto a la cocina, esperando a que el reloj dictara las dos menos cuarto: hora de comer.
Con mi madre y mi tia (las veces en que concid'ian) todo era mucho m'as relajado. Ibamos y ven'iamos de un puesto a otro, comparando precios, eligiendo frutas, admir'andonos del tamaNo de las calabazas,...
Poco a poco empec'e a ir sola. Hubo una temporada en que hice la compra todas las semanas (mi madre todav'ia lo recuerda con aNoranza!). Ten'ia mi propio estilo, aunque tengo que decir que es m'as parecido al de mi abuela. Trataba de resolver r'apido para volver a casa. Estaba en COU y ten'ia mucho que estudiar...
Al llegar el aNo pasado a Salamanca y tras vivir los meses m'as duros de invierno de mi vida entre idas a venidas de casa a la facultad, siempre a la sombra de las catedrales, comprend'i, por primera vez que era valenciana y que extraNaba mi tierra. Sus olores, sus colores, su "torpe abundancia".
Ahora que estoy m'as lejos la nostalgia se acent'ua y aunque me atrapa el deseo de seguir conociendo y de seguir posponiendo el regreso siento que anhelo reencontrarme con mis ra'ices y con todo lo que me espera en mi ciudad: la familia, los amigos, los paseos por sus calles, El Rio,...

El peso de la mochila.


Cuando te lanzas a un viaje m'as o menos largo, donde la ruptura con tus lugares comunes es inevitable, cualquier decisi'on a la hora de cargar la mochila se convierte en una posible losa que dificulte varias jornadas posteriores.
Se aconseja viajar liviano, sin relojes, ni calendarios, ni preocupaciones. No obstante, la realidad es otra y somos incapaces de deshacernos de lo poco que transportamos. Nos apegamos demasiado a lo material. Y lo que hasta ahora no ha supuesto ning'un altercado en tu rutina pasa a ser un proyecto que cumplir.
Ejemplo claro: la pasta de dientes. Algo tan manoseado como un tubo de dentr'ifico supone, para nosotros, una programaci'on de d'ias y ciudades hasta hacernos con una nueva.
Ejemplo no tan claro: los libros. El camino del libro es m'as retorcido de lo que- a simple vista- parece: el paso de uno a otro es- como el concepto de viaje, seg'un Drag'o- la distancia m'as larga entre dos puntos. Esto es: cuando ya tienes tu ruta pensada, lo que iba a ser un trayecto recto y consecutivo se convierte en una sucesi'on de curvas y vericuetos que te van desviando del objetivo inicial.
Total, que tras cuatro meses perfeccionando la t'ecnica del intercambio, hemos aterrizado en Bangkok con nada menos que trece libros. Lo curioso es que cuatro los cargamos desde EspaNa y est'an a'un por leer. Los dem'as: hallazgos en librer'ias de segunda mano o, trampa, hurtos de estanter'ias abndonadas en hostales para guiris con el fin de conseguir un buen trueque.

El precio del dinero.


El dinero vale lo que ellos quieren que valga. Su precio lo determina el momento. Una remesa dos d'ias antes te puede favorecer unos cuantos d'olares. Un cambio a tiempo consigue que tus miles de billetes de monedas devaluadas no se queden obsoletas en la ventanilla del banco. A lo largo de estos meses, la cantidad de dinero que llev'abamos en los bolsillos era tan relativa como el n'umero luminoso que aparece en las tarifas de cambio.
Si traspasas fronteras en un espacio corto de tiempo, todav'ia manejas n'umeros de otras monedas, y los c'alculos se derivan en varias operaciones ramificadas.
Su esencia es tan abstracta que los que lo dispensan son los mismos que lo reciben m'as adelante, y eso hace que su importancia radique- tanto de viaje como en los plazos fijos- en el momento presente. Eso lo convierte en un medio para alcanzar una meta. Por eso, embargarse en un proyecto que quiz'as no saborees se antoja in'util y, sin embargo, es a lo que nos quieren enraizar.
Para nosotros, el dinero es imprescindible. Sin 'el- francamente- no podr'iamos estar ahora mismo, por ejemplo, escribiendo estas l'ineas. Pero hay muchas formas de engrilletarse a 'el. Nosotros dependemos de las remesas que manda mi padre desde un locutorio sombr'io de Las Rozas. Ya llevamos dos, y estamos a punto de recoger la 'ultima en un banco de Nairobi.
En el documental "La silla de Fernando", un testimonio magistral de un genio recientemente perdido, Fern'an-G'omez dice que en la guerra no te val'ia ser rico porque de repente todos tus ahorros no val'ian nada. Por eso su af'an de trabajo como mera supervivencia.
Y con esta reflexi'on maNanera, provocada por la viNeta (una vez m'as) del genial Roto, s'olo pretend'ia introducir el nombre de una pel'icula ineludible y aNadir otra m'as en la que la realidad es un ejercicio de sabidur'ia e imaginaci'on mucho m'as poderoso que la ficci'on: Las alas de la vida.
Mientras, que los banqueros se suban el sueldo y el gobierno grave el pan.

Bufalo en el lago Tonl'e Sap.

El flautista ciego.

Ra'ices gigantes.

Lo m'as bonito de Angkor.

Naga, serpiente hind'u de varias cabezas.

Cangrejeros templarios en Angkor Vat.

Pescando en el Mekong, Phnom Penh.

martes, 20 de octubre de 2009

Pasillo del S-21....


...y ùltima foto de espacios de tortura, de verdad.
Asì que para acabar con mejor sabor de boca tras esta tanda de instantàneas, os voy a hablar de nuestra habitaciòn junto al lago.
PNOM PHEN SUITE
Asì es como se llamaba. El caso es que al atardecer resultaba un sitio idìlico: tres ventanas dando al lago, baNo interior, pasillo de entrada de madera, restaurante a la puerta con mùsica suave...
Para màs inri, en la pared colgaba un letrero en un inglès macarrònico donde daba a entender que era la mejor habitaciòn del hotel y que, atenciòn, era la que escogìa Angelina Jolie en sus visitas a Cambodia (es decir, en sus paseos junto a unos cuantos fotògrafos para elegir què niNos llevarse a su choza).
Llegados a este punto, y tras semejante excitaciòn (imaginar a la pareja de moda en nuestra misma cama nos dotaba de cierto cachè) llegamos a las siguientes conclusiones:
Anjelina Jolie se ducha con agua frìa, duerme con una rata corriendo por el techo, concilia el sueNo a pesar de que a eso de las diez cambien las baladas por tecno y suban el volumen hasta màs tarde de las tres, bebe cerveza caliente, desayuna cafè de sobre y- ahì va el bombazo- se rebana el dedo en el retrete despuès de hacer sus necesidades, a falta de papel higiènico.
A que es romàntico.

El artista.


Sa Lut Sor, m'as conocido como Pol Pot, fue el cerebro de este "montaje" que llev'o al exterminio de 1/4 de la poblaci'on Camboyana (torturas incluidas).

Mujer con bebè.


Este tìtulo serìa bastante sugerente si se tratara de un cuadro o, incluso, de una escultura.
Sin embargo, no tiene ni pizca de gracia cuando se trata de una foto que muestra còmo una mujer que recibe descargas elèctricas sostiene a su hijo en sus brazos y mantiene el rostro inmòvil y duro.

Killing Fields.

Tras los barrotes


Cuando llegamos a Pnom Phem, la capital de Camboya, no tenìamos màs planes que nuestras habituales dos noches apresuradas antes de tomar el siguiente autobùs.
Cada vez que nos subimos a uno, o- mejor dicho- cada vez que nos bajamos, nos prometemos profundamente no volver a caer en semejante paliza. Es inùtil: al cabo de veinticuatro horas ya tenemos dos billetes y las mochilas preparadas para continuar la ruta marcada.
Seguramente pequemos de inquietud, de poca paciencia o de falta de ese ritmo que tanto elogian los jipis sobre los asiàticos y los africanos (en realidad, cualquiera que intente sacar su vida adelante y no dormitar bajo el sol se pasa casi todo el dìa atendiendo un negocio o trabajando sin descanso, cosa que los espaNoles somos incapaces de hacer).
El caso es que, sin desviarme demasiado, alquilamos unas bicis con la intenciòn de pasear por la ciudad e ir a los Killing Fields, que son las plantaciones que utilizaban los Jemeres Rojos como fosa comùn.
En cambio, nuestra primera parada fue la prisiòn S-21, antaNo instituto cèntrico de la ciudad. La muestra es austera: apenas ves las habitaciones con los somieres solitarios en medio y los grilletes en el suelo, unas cuantas fotos y algùn que otro testimonio.
Salir de allì pàlido, mudo y algo mareado es lo comùn. Nosotros tuvimos que comer para adquirir color y dejamos de lado màs excursiones a las masacres de la historia.
Es caso es que- hilvanando este triste episodio con una de las mejores pelìculas que hemos visto durante el viaje- el personaje principal de la ùltima de Woody Allen aconseja ir al Museo del Holocausto a la visita imprevista de Nueva York como plan divertido.
Y cuento esto porque, a pesar de acordarme a menudo de la pelìcula, estos dìas la encuentro mucho màs cercana. Primero, por empeNar el asueto en museos de genocidios y, segundo, porque todas las palabras que me faltan para criticarla las ha escrito mi hermano en un artìculo que ya quisiera Boyero, Torreiro o- en su dìa- Fernàndez Santos.
Lo dice la historia: es casi imposible superar al maestro.

(Para comprobarlo, no tenèis màs que pinchar a la derecha. Aprenderèis màs y serèis mejores personas, os lo aseguro yo, que lo llevo aguantando unos cuantos aNos)

Prohibido reir.


Generalmente, las reglas sobran.
En este caso, reirse no es una prohibiciòn, es una osadìa y una necedad.

CAMBOYA.

El Agente Naranja y el ecocidio.

Algunas consecuencias...

Im'agenes.


Esta foto se ha convertido en el escaparate de la guerra de Vietnam. Sin embargo, en el museo de Saig'on pasa desapercibida entre tantas otras im'agenes de semejante brutalidad.
Una niNa corriendo tras la explosi'on. Aviones vaciando sus vientres sobre selvas v'irgenes. Soldados arrastrando despojos humanos.
Esto, seNoras y seNores, es la guerra. Y si no aprendemos con todos estos documentos es que no somos capaces de cambiar la historia.
Hace aNos mi abuela me di'o una posible respuesta de por qu'e el mundo sigue actuando de forma tan irracional: "En la guerra mucha gente se hace rica".
Poderoso caballero.

USA go home!

Opiniones sobre Nixon.


Entre nuestas muchas habilidades no contamos con la de saber vietnamita.
Aun asì, imaginamos que lo que està escrito en el muro con el nombre de Nixon no es muy cariNoso a tenor de lo que èste hacìa con el paìs.

Museo de la guerra de Vietnam, Saig'on.

Por la carretera ... Alberto.

Por la carretera... Celia.

Nen'ufares... Pagoda Thien Mu.

Bonsai (Pagoda Thien Mu).

Pagoda Thien Mu, Hue. Vietnam.


Seg'un la guia, claro ejemplo de arquitectura Vietnamita (el norte ten'ia mucha influencia china y el sur India, por ser ruta comercial). En las dependencias anexas siguen residiendo monjes budistas. Estos monjes disfrutan de unas preciosas vistas sobre el rio (Perfume River) y se dedican a la meditaci'on y al cuidado del jard'in.

Hue, Vietnam. Palacio Imperial.


Residencia de la dinast'ia Nghuyen. Bombardeado hasta el aburrimiento por la aviaci'on Norteamericana durante la guerra de Vietnam, actualmente en proceso de restauraci'on.

viernes, 16 de octubre de 2009

Oficio de vivir, esta vez por Nati.

Pablo siempre dice que su madre, Paloma, utilizaba como r'eplica una frase tan cierta como inquietante: "No os compro Coca-Cola que os la beb'eis".
Yo, que mencion'e a mi padre y mi hermano como catedr'aticos de la alegr'ia, olvid'e nombrar a mi madre.
Mi madre es capaz de resumir en tres palabras los imprevistos humanos: "Uy, qu'e coNo!"
Y si eso de sacar el lado bueno en los peores momentos es algo que rezuma madurez de esp'iritu, lo cierto es que en la pr'actica vale mucho m'as la frase que escuchaba d'ia tras d'ia en mi etapa escolar: "No me importa que apruebes o que suspendas, lo que yo quiero es verte estudiar".
Toda una lecci'on de vida.

martes, 13 de octubre de 2009

Tai Chi en el parque, Hanoi.


Las gu'ias de viajes son como los partidos de f'utbol: no vale leer la cr'onica del d'ia despu'es, es necesario haber visto el encuentro. Aun as'i, la noche que regres'abamos entre risas de la bah'ia de Halong (no por los chupitos de tan suculentos organismos, sino por el desorden general y la comicidad del viaje) regateamos a unas calles de nuestro hostal por conseguir una edici'on fotocopiada de la Lonely Planet de 'Africa.
Al final, siete d'olares y todos los pa'ises del continente a nuestro alcance. Por qu'e tanta alevos'ia y verborrea ante una mujer que engull'ia noodles con cilantro en un cuarto de estar de su casa? Pues porque en doce d'ias volamos hacia Kenia, destino m'as econ'omico del este africano y comienzo de muchas rutas que se descomponen en lagos y sabanas hasta los rincones del origen del ser humano.
As'i que, tras madrugar para ver c'omo los mayores de la ciudad practicaban tai-chi o los j'ovenes se inventaban ejercicios de estiramiento alrededor del lago c'entrico de Hanoi, regresamos a la habitaci'on e ideamos sobre papel el pr'oximo destino.
Con un inconveniente: ni los goles ni los paisajes los encuentras en un libro.

Le apetece un licorcito? Invita la casa.

Halong Bay, Vietnam.

Templo de la Literatura, Hanoi.

Peligro: foto!


Esta bicicleta que v'eis no es tan inocente como se puede uno creer: despu'es de pasarnos algo menos de media hora en el camino que distanciaba nuestro cuarto con los horarios de trenes entre el caos callejero de la capital de Vietnam, esquivando motos y retratando a las mujeres que caminan haciendo malabarismos con dos cestas de fruta equilibradas por una caNa que sujetan con el hombro, lleg'o una estampa que a Celia le pareci'o digno de fotografiar: una bici coloreada entera de ocre, atada a una farola enfrente de la estaci'on. En fin. Pero como estaba entusiasmada con el ajetreo urbano y no paraba de repetir que en Hanoi tendr'iamos que quedarnos para escribir una novela y profesionalizar el sado, pues yo le dejaba que volara su imaginaci'on y se mezclara con los sonidos y olores de esta fascinante metr'opolis. Sin embargo- de s'ubito- sus sueNos se desvanecieron cuando respondi'o a los gritos de una abuela, que vend'ia t'es en unas butacas a ras de acera, trat'ando de mostrarle que la foto no era a ella y recibi'o un azote con sonido est'ereo como respuesta.
As'i es, niNas y niNos: sed buenos o tened el cachete a punto.
Ante estos desatinos y varias horas de paseos en un barrio laber'intico y de pitidos constantes, Celia solo acert'o a gritar, dos d'ias m'as tarde, "yo no me quedo en esta puta ciudad ni un d'ia m'as".
Al pozo las novelas, las cr'onicas de guerra y los juegos de fusta.

Espejos...


Las barber'ias callejeras de Hanoi y un fot'ografo perezoso en paseos matinales hacia la estaci'on de trenes.

La Garc'ia-Alix del sudeste asi'atico, en la habitaci'on de Hanoi: un 'atico en el centro del barrio franc'es y entre callejones con mercados de pescado y picadillo de cangrejos, entre otros.

Fronteras.


En Laos, "sabaidee" significa "hola", "adi'os", "c'omo est'as" y "estoy bien". En encuentros t'acitos, con una sola palabra puedes mantener toda una conversaci'on. Para el resto de ocasiones, no te sirve para nada m'as que atraer la atenci'on y perder tiempo intentando avanzar en el ejercicio de la comunicaci'on.
Despu'es de diez d'ias y con el calendario ajustado por un nuevo vuelo, pensamos en cruzar al siguiente pa'is (Vietnam) por la zona norte de 'este.
Total, que los c'alculos d'actiles encima del mapa no resultaron y lo que parec'ia un recorrido agradable se convirti'o en dieciocho horas metidos en una tartana que cargaba motos, sacos de arena y beb'es al mismo precio que dos extranjeros en busca de salida.
A las nueve de la maNana- nada menos- llegamos a Sam Neua, pueblo fronterizo de militancia percibible (como muestra la foto) y en donde el 'ultimo autob'us del d'ia (ojo, lo he escrito bien: del d'ia) sale a las ocho de la maNana. Total, que nos toc'o hacer el resto de la jornada entre montaNas y calles tranquilas y retrasar una casilla del calendario nuestra llegada.
Lo mejor es que a la maNana siguiente (mejor dicho, a las cinco de la maNana) nos despertamos con el objetivo de pisar Hanoi antes de que se escondiera el sol. Tan firme era nuestra empresa que salimos embalados a la estaci'on equivocada y, entre berridos de desesperaci'on y l'agrimas contenidas, conseguimos que nos adelantara una furgoneta en la parte trasera y despu'es una moto hasta la terminal buena.
All'i todav'ia nos quedaban unos minutos, luego nuestra l'ivido regres'o a sus niveles habituales. Pero el destino se guerdaba un as en la manga y no bast'o con que la furgoneta a la frontera fuera montando a todos y cada uno de los niNos que iban a la escuela o nos robaran en las narices un billete de mil dongs (moneda vietnamita) alegando que con eso s'olo puedes comprarte un t'e, sino que, adem'as, nos tiramos una hora caminando a la vereda de un r'io rodeado de plantaciones de arroz tratando de conseguir alg'un medio de transporte.
Por fin, pas'o el mismo autob'us que nos hab'ia pedido treinta y cinco d'olares y le imploramos que nos subier'a por algo menos de veinte, que era lo que nos sobraba.
Sin embargo, la 'ultima parada no era Hanoi, como hab'ian voceado, sino una ciudad a tres horas. Con nuestra promesa tirada a la basura desde hac'ia dos horas que la noche cubr'ia el cielo ( y ocho horas sobre ruedas) nos plantamos en medio de un autob'us vac'io y respondimos a su imcomprensi'on con la misma moneda: "que nos hab'eis dicho Hamoi, pues nos dej'ais en Hanoi" y esperamos silenciosos y mudos a sus movimientos.
De repente, arrancan el autobu's y nos llevan al arc'en de la autopista m'as ancha de todo el sudesta asi'atico. Se detienen, reclinan el asiento y empiezan a prender una cachimba.
Con la duda no ya de cumplir nuestro cometido sino de seguir con vida o perecer decapitados en un s'otano vietnamita, vimos como se acercaba otro autob'us, lo paraban en medio de la carretera y nos pasaban las mochilas seNalando el nuevo veh'iculo y con la 'ultima consigna de "Hanoi, no money".
Cuatro horas m'as tarde hac'iamos recuento de tamaNa odisea subidos- los dos- con las mochilas en el asiento trasero de una moto en direcci'on a la calle del hostal.
En Tailandia esperamos media noche a que cambiaran un autob'us averiado. Entre Colombia y Venezuela nos desnudaron dos veces y revisaron unas cuantas todos los bolsillos de la mochila: un mundo sin fronteras quiz'as fuera m'as justo, pero mucho m'as aburrido.

Moto a la baca.

Nong Khiaw.

Camino a Nong Khiaw, Norte de Laos.

Oficio de vivir, por Vicente Verd'u.

"Todos vivimos rachas en las que las cosas van bien y otras rachas en que las cosas se ponen mal. Un viejo amigo de Santa Pola, tan experimentado como los demás en este vaivén de la fortuna, me decía que lo interesante de esta vida no consiste en sentirse bien cuando las circunstancias marchan bien y mal cuando vienen mal. El desafío de la existencia radica en lograr sentirse bien cuando las cosas no son buenas.... ¿y sentirse, por tanto, mal cuando nos son propicias?

No exactamente. Los momentos favorables poseen por si solos un impulso incontrolable y no hay por qué trabarle su dulce desarrollo. Sin embargo, lo que es adverso invita a investigar el interior de sus entrañas, desmontar sus componentes y maniobrar en ellos como un mecánico lo hace sobre un artefacto averiado.

La materia a la que aplica su oficio el mecánico, el abogado o el médico no es precisamente el bien sino la avería, el litigio, la enfermedad.

La existencia en su conjunto tiende a presentarse sólo de vez en cuando como un animal sano y optimista pero, en general, su estar natural es un estar quebrado o enfermo. Es demasiado obvio y deslucido mostrarse positivamente ante el mundo cuando las cosas marchan bien pero lo peculiar y lucido de la vida, el alto oficio de vivir consiste en la fina disposición para atender con animosa serenidad aquellas cosas que, en general, casi constantemente, nos marchan mal."

Yo leo esto despu'es de vivir rodeado de personas que me lo enseNan cada d'ia: la alegr'ia y sabidur'ia de mi seNor padre, inculc'andonos una serenidad que roza la ataraxia (s'olo abortada en los partidos del barca) en aquellos atascos maNaneros de camino al Mirasierra y el buen humor cont'inuo de mi hermano, incluso la noche previa a un examen.

viernes, 9 de octubre de 2009

Obama, Nobel de la Paz.



As'i es como ve Forges al nuevo premio Nobel.
Cuando llegamos a Irlanda acababa de morir Michael Jackson, que pas'o de negro a blanco a lo largo de su vida, y lo primero que nos encontramos al consultar el ordenador en Hanoi, despu'es del viaje tortuoso, es esta paloma convertida en negra y la noticia de un presidente americano premiado con el nobel de la Paz: cu'anto valen las palabras?

sábado, 3 de octubre de 2009

Un Tuk-Tuk.


Es un avi'on? Es un Ferrari? No, es un Tuk-Tuk. Esta agradable forma de transporte local es de lo m'as divertida porque aunque vayas dando m'as tumbos que en una coctelera puedes vivir de cerca el tr'afico de la ciudad. Lo bueno es que los encuentras en cualquier lugar desde Bangkok hasta Luang Prabang. Lo malo es que te persiguen ofreciendose para llevarte hasta a la esquina de al lado. En cualquier caso es una experiencia casi imposible de no vivir en el sudeste asi'atico.

Ninos que juegan a ser monjes...