martes, 31 de mayo de 2011

Los bosques de Upsala, Álvaro Colomer.

"Los locos de mi ciudad aguardan tranquilamente en la sala de espera porque la medicina contemporánea ya no trata a desquiciados, sino a personas normales, personas como mi esposa o como yo mismo, en cuyo interior había fantasmas imposibles de describir"

¿Un libro que hable del suicidio y haga reir? Sí, existe. Es éste: Los bosques de Upsala, de Álvaro Colomer. Una aproximación al tema desde el que lo sufre en tercera persona. Una reflexión sin sensiblerías ni compasiones pero fiel y directo. Que no se anda por las ramas con incertidumbres de clase media ni apartados de color rosa.
Un libro que empieza y termina de un tirón. Que mezcla todas las historias en la misma persona: ésa incapaz de soportar el suicidio de su esposa por su propio miedo. Miedo a la soledad, miedo a la culpa.
Si no es un paradigma de la nueva narrativa española, poco le falta, porque, ojo, se está creando una escuela de gente que habla como habla la gente y, sin embargo, da lecciones de literatura.
Eso sí: hay que rescatarlos de las estanterías y no de los escaparates, pero todo se andará.

lunes, 30 de mayo de 2011

El fin de la trilogía.

Con unos títulos más largos que un día sin pan y una media de trope mil páginas por ejemplar cualquiera se pone chulapo y se lee los tres libros que componen la saga Larsson.
Mi opción, la cobarde, ha consistido en leer el primero (Los hombres que no amaban a las mujeres) y ver la versión cinematográfica de los otros dos volúmenes (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire).
Su autor consigue arrastrarnos al universo de Lisbeth Salander, una joven de estética entre gótica y punk, de complexión delgada y porte masculino, que ha sido definida por algunos como la "metáfora de la subversión cultural" o "la nueva heroína del S.XXI". No sé si comparto semejantes halagos, por quedarme demasiado grandes, pero sí es verdad que ha venido a cubrir un hueco que quedaba en el mundo editorial, lo cual, como siempre, lleva premio.
Éxito de ventas y paradigma de la nueva novela negra, este periodista sueco se ha ganado de manera póstuma un espacio nada desdeñable entre los grandes del género.
Tras el primero como siempre, llega el pelotón y ahora tenemos en las estanterías de la Fnac toda una serie de "Asas y Mankells" venidos del frío.
Parece ser que su fulgurante introducción en el mercado español se debe a la combinación del lenguaje periodístico, el bestseller y la novela negra.
"En este tipo de novelas no se ahonda en la descripción y la reflexión, pero sí se da una acción rápida que se entrevera con esquemas políticos que indican cómo interpretar la sociedad."
Todo un cocktail que no deja indiferente, entre otras cosas, debido al fenómeno social que generó hace un par de veranos. Mejor contrastar y hacerse su propia idea, como con todo.

domingo, 29 de mayo de 2011

"La indignación debe ir seguida de compromiso", STÉPHANE HESSEL.

Siempre hay una primera vez.

Trato de engancharme, pero voy por la página ciento y pico y sin resultados.
Después de su obra maestra Mañana en la batalla piensa en mí, parece que éste, su último libro, pasa sin pena ni gloria.
Un título que busca cautivar, con una fotografía de portada estupenda, pero escrito como a desgana.
Mismas técnicas narrativas, argumento con un cierto aire a toda su obra anterior (otra vez con asesinato de por medio) y la trampa comercial de vendernos que es su primera novela escrita desde la tercera persona...
Sí, la narradora es una mujer, pero quizá la única diferencia es que emplea el femenino (no cuesta tanto cambiar la "o" por la "a"). Mientras lo leo no consigo dejar de imaginarme a Javier Marías travestido: frente despejada, melena al viento y labios rojo pasión. Lástima.

Los noventa en Madrid.

Recupero, aconsejada por la contraparte, Mensaka, una producción española del noventa y ocho.
Madrid, otoño, tres amigos que quieren abrirse camino con su grupo de rock dentro de la industria musical. El entramado de la familia y las parejas.
No es fácil avanzar paso a paso en un día a día mordido por la violencia, los celos y los engaños, pero sobre todo, las drogas.
Un cantante guaperas, una pija, un mensaka y su chica, el primo soso y una yonki, unos personajes que podrían formar parte de cualquiera de las muchas películas que conforman la filmografía española y que, sin embargo, en ésta, consiguen llegarte al corazón.

La chica de los discos de Cole Porter.

Night and day,
You are the one ...
Only you 'neath the moon
Or under the sun
Whether near to me or far
It's no matter, darling,
Where you are
I think of you day and night.

Night and day ...
Why is it so that this longin' for you
Follows wherever I go?
In the roarin' traffic's boom,
In the silence of my lonely room,
I think of you day and night.
Cole Porter 



Literariamente transportada a los mejores momentos del París más glamuroso, envuelta en la letra de las canciones de Cole Porter y deseando de la manera más ferviente ser la chica que vende sus discos en un mercadillo de París, así salí el jueves del Babel, el único cine auténtico que queda en Valencia, de ver Midnight in Paris.
Las primeras escenas de la película te van remojando como la lluvia que va desde las tímidas gotas iniciales hasta el chaparrón con rayos y cuando termina sientes que se te han calado hasta los huesos.
Quizá no es su mejor película, pero te proporciona la misma liviandad que La maldición del escorpión de jade. 
Woody Allen nos invita a soñar y a hacer realidad nuestros sueños.
No busca, en esta ocasión, ironizar, ni tratar las relaciones de pareja desde una persperctiva frontal, como en Annie Hall.
Siempre vigente su lema de "Si la cosa funciona", pero con el telón inigualable de la literatura, la poesía, la música, la pintura y el amor. Siempre el amor. Siempre la mujer como exaltación de la belleza y la búsqueda interior de la media naranja.


lunes, 23 de mayo de 2011

Sabor de café.

Siempre por estas fechas siento ganas de viajar a París y más este año, que llevo el pelo como Amélie.
Pasear por Montmatre, "aux Champs-Élysées",... La, la, la, la,...
Si fuera con Alberto y una cámara podría hacerle fotos con la Torre Eiffel a lo lejos, rollo el gnomo de las postales. Sentarnos en una terraza y hojear Le Monde...
Menos mal que todavía no he visto la última de Woody Allen, porque me temo que entonces andaría loca buscando vuelos low cost.
La primavera sabe a cafés parisinos, cine, teatros, todo me lleva a las buhardillas de la adolescencia, imaginando vivir en el ático de Antes del atardecer y compartir charlas en la librería de enfrente de Nôtre Dame.  Un buen fin de semana para acercarse al Muvim a ver la exposición de Émile Savitry. Promete.

martes, 17 de mayo de 2011

Bajar al suelo el amor.


Hay que aprender
a conocer el amor.  
No confundir el amor
con la hoja seca de amor
que cae al pie del amor. 
  
Hay que aprender,
a no esperar del amor,
pero en empeños de amor
hacer brotar el amor
de la paciencia, el amor.
  
No tiene rostro, no tiene altura.  
No puede ser llevado de la mano.
No tiene calma, no tiene anchura.
No puede ser armado, ni comprado.
 
Hay que aprender
a madurar el amor.  
Dejar volar el amor
y que respire el amor.  
Todo el amor del amor.
  
Hay que aprender
a recoger el amor.  
Desmenuzar el amor
no hacer altares de amor. 
Bajar al suelo el amor. 

Pedro Guerra

lunes, 16 de mayo de 2011

El vals lento de las tortugas.

"Con Los ojos amarillos de los cocodrilos, Katherine Pancol, escritora francesa nacida en Marruecos,  logró vender más de un millón de ejemplares."  No soy francesa, ni nacida en Marruecos, pero su primer libro lo leí en Marruecos y el segundo lo compramos en Burdeos y lo estoy leyendo en francés. Vuelvo a los Best Seller, como viene siendo habitual en mí. Parece que no me resisto a los éxitos del mercado y peco, esta vez, con el beneplácito de mi contraparte, no sé si justificado por ser una lectura en lengua extranjera. La novela avanza sin grandes estridencias, entretenida. Se nota que la escritora trabajó un tiempo en Cosmopolitan y que, desde luego, es un libro escrito para mujeres o hombres de sensibilidad desarrollada hacia ciertos temas considerados tradicionalmente femeninos. Momentos de vergüenza ajena haberlos, los hay. Sobre todo en el primer volumen de la saga. Pero no deja de tener algunas frases buenas y de ser una lectura distraída, lo mismo que la Superpop te parecía interesante a los quince años. Muy recomendable salpimentado de tumbona, sol y martini. Se pasa el rato.
A la par me he leído el del Orejudo, y confirmo que es un libro tobogán: cuesta la escalera inicial, seguida de un breve remanso y una bajada tipo "Aquapark" que te deja con muy buen sabor de boca y la adrenalina a tope.
Siguiente parada: Los enamoramientos del Marías, con muy buena crítica de todos, salvo del Blog El lector malherido. A ver qué tal.


miércoles, 4 de mayo de 2011

Nada es crucial.

"Nada es culpa, nada es pecado, nada es crucial (...) Y con la cabeza de aquel hombre-niño sobre su vientre ella también siente deseos de coger un cuaderno, leer una novela, escribir cosas muy distintas de las bobadas lloronas que abigarraron el Diario de Kitty inexistente"

En son de paz, de mutuo acuerdo y en decisión conjunta- no como los tejemanejes que se traen los tribunales, los partidos políticos y los tertulianos con la legalización de un partido que les robe votos (su máxima prioridad, su maná)- sentenciamos que Nada es crucial, de Pablo Gutiérrez, es una de las mejores novelas de la década.
¿Por qué? Porque rompe con lo anterior, porque es generacional pero no por eso caduca, porque es imaginativa y tierna pero también inconformista y real, porque se lee de un tirón pero da pena que se lea de un tirón, porque te quieres quedar en sus páginas a vivir: acompañar a Magui y Lecu, verles crecer, compartir lo que ven, lo que piensan. Porque el narrador se llama Narrador y el lugar donde viven Ciudadmediana o Mundofeo. Y porque la tele se convierte en la "siemprencendida" mientras que la pantalla del relato hace imposible una prosa similar en cualquier otro formato.
Imprescindible. Magistral. No como las películas que llevo a ver a Celia con tal de pasar un viernes de cine y no bebiendo en las calles, que es lo que más le gusta.

martes, 3 de mayo de 2011

Sillythankyounomoreplease.

La semana pasada fuimos a ver Happythankyoumoreplease, una comedia romántica de la que Alberto hacía tiempo que me venía hablando con bastante entusiasmo y que, para hacer honor a la verdad, está a la altura del betún de lo que viene siendo una buena peli de Woody Allen.
Por eso (y sin resentimiento alguno) mi recomendación de videoclub para un fin de semana de amor en el apartamento de playa no puede soslayar el excepcional largometraje llevado al cine en el año 2000 por Donald Petrie, titulado Miss agente especial. El intachable guión de Marc Lawrence y una banda sonora que quita el hipo, consiguen que cuando te sientas en el sofá llegues a olvidar hasta cómo se deletrea "guardería". En el reparto hace nuestras delicias la eternamente joven Sandra Bullock en el papel de una agente del FBI que se ve obligada a hacerse pasar por modelo en el certamen de Miss Estados Unidos para detener a un asesino en serie cuyo único objetivo en esta vida es boicotear a las misses (espero que nadie de Al Qaeda tome nota). Una desconcertante trama en la que los modales de la agente infiltrada, hoscos y poco femeninos, deberán ponerse a prueba gracias a un asistente que la aleccionará sobre el glamour de la pasarela.
Algunos detractores vomitan reseñas en la que la califican de "pobre comedia de patito feo con pistola convertido en cisne para lucimiento de una simpática Sandra Bullock que intenta resolver una intriga carente totalmente de interés".
Afortunadamente los grandes amantes del cine, como yo, sabemos que la envidia es muy mala.
Desde Valencia con amor, la segunda parte contratante, respecto a la primera parte (ver abajo).

Mi parte de opinión.

Se abre una veda nueva. Ya está bien de reseñas elogiosas unilaterales. Después de un fin de semana nutrido de películas, quiiero resaltar una por el simple (y meritorio) hecho de que pagamos 8 euros por verla.
Happythankyoumoreplease ha sido calificada como sucesora de Woody Allen y, en cierto sentido, no es del todo equivocado: es cierto que recurre al almíbar y a ciertos tópicos, que ni juntando todo los diálogos del metraje saltará una chispa de inteligencia similar al del director de Annie Hall o que su mezcla de historias es bastante más descafeinada que cualquier ocurrencia del genio de Brooklyn. Sin embargo, así como algunas de éste flojean o decepcionan, el título a colación no engaña en ninguna de sus propuestas.
Muestra Nueva York, acompaña las secuencias de buena música y logra que te identifiques con cualquiera de las situaciones, aunque a veces te ruborices. No es poco. Justifica una buena sesión de oscuridad y palomitas.
Eso sí, nada como degustar una tarde de domingo la perdurable La ley del silencio o acostarse de madrugada con Primera Plana. Ambas, además, sin necesidad de dejarte un euro siempre que cuentes con una biblioteca cercana.
Ánimo, y espero quejas. Sobre todo de la contraparte.