viernes, 31 de mayo de 2013

Comparación del ideario español.

El otro día estaba sentado tomando unos cacahuetes con Ximo y empezamos a hablar de libros. El tío se acababa de descargar todo un arsenal de joyas en el e-book y me llevaba una delantera de títulos que ni Jacinto Antón en su mesita de noche.

Como estábamos en una terraza frente a la biblioteca, me despedí corriendo y, simulando que tomaba la dirección de la mercería, me metí a ver qué sacaba, para darle en la próxima cita un repaso que no igualase ni con un cable directo a la enciclopedia británica.

No hubo suerte, y recurrí a mi padre, que goza de un carnet de biblioteca ilimitado por simpatía y por jubilado. Se recorrió toda la sierra para hacerse con unos títulos que Ximo conseguía a golpe de click. Uno era el de Dos vidas. Gertrude y Alice, de Janet Malcolm. Otro, Isla África, de Ramón Lobo. Y, por fin, Libelo contra la secta, de Hermann Tertsch.

Como tenía una semana para volver a Madrid con los deberes hechos, me metí de lleno en este último. También porque era el que quería leer primero. Lo que me encontré (y quería escribir rápidamente) fue el ideario español completo redactado por el libro de estilo de El Mundo. Sí: Hertsch escribe en el ABC y habla en Intereconomía y en Telemadrid, pero sus tesis parecen copiadas del diccionario político de Pedrojota.

En principio, nada que objetar. Lo que pasa es que, debido a lo perentorio del libro (escrito en 2010 y con un recorrido cuya meta estaba en las elecciones generales de 2011), leerlo tres años después parece sacado de El Mundo Today. Por eso me acordé de otro publicado en fechas parecidas (Acceso no autorizado, de Belén Gopegui) y saqué varias conclusiones:

Aparte del empeño en regresar a los juicios del 11-M, al caso Faisán, al estatut de Cataluña o a las escuchas del juez Garzón,  Tertsch se equivoca en casi todos sus pronósticos y acusaciones. Ejemplos rápidos: pone como modelo a seguir a Chile, donde la pobreza ha subido un 14% en contra de lo que ha pasado en el resto de países sudamericanos; habla de una "secta socialista" que pretende mantener la devoción hacia su partido cuando ha sido la fuerza política que más apoyo ha perdido en los últimos años.

Pero, lo que es peor, es que llega a asegurar que durante el mandato del PSOE se hizo una serie de reverencias al mundo musulmán que incluso incluía menús especiales en los colegios, "que no lo tienen ni los celiacos".

Llegué hasta ahí. Y por cariño a Felisa y a todas las cocineras de comedor escolar que se han preocupado a lo largo de mi existencia con intolerancia al gluten, pasé al de Janet Malcolm.

¿Y la comparación? Pues esta: Gopegui (que narra una ficción, no un ensayo) acertó en que iba a haber un adelanto electoral; habló de la traición de la izquierda y su abandono en pos del poder económico y adivinó el ostracismo al que iba a ser relegada la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega.
Y ahí la tienen, tan pancha:
No sé si sorprenderé a Ximo en el próximo café, pero me he quedado más a gusto que un arbusto.

martes, 19 de febrero de 2013

El rey de los quinquis

Iba hacia Sol y subía a su casa.
Eran las 11 de la mañana pero ya tenía unas cuantas cazuelas en los fogones y medio paquete de tabaco en el cenicero.
"¿Quieres algo?", me preguntaba mientras yo hojeaba ediciones atrasadas de periódicos deportivos. "¿Un café, una copa?", añadía a continuación, como si fuera la ocasión perfecta para ambas opciones.
"Nada, si solo he subido para verte un rato", contestaba a menudo. "Si lo llego a saber compro unos bollos, o algo de carne", decía inmediatamente, como si no me hubiera escuchado.

Al cabo de un rato, siempre inventaba alguna excusa para bajar a la calle conmigo. "Así me paso por el mercado y compro el pan". O "así me acerco al banco y saludo". O "así echo un vistazo en el sastre", concedía como buen dandi castizo.

A los pocos metros, sin embargo, se paraba y me explicaba: "Yo me ponía en una esquina como esta y dirigía a todos los quinquilleros de Barcelona", alardeaba mientras soltaba un silbido con dos dedos que retumbaba en toda la manzana.

Seguíamos por el falso llano de Huertas y mezclábamos al barça con China o con las conexiones necesarias para llegar a la otra parte de la ciudad.
En la puerta del café Central nos despedíamos como si hubiese sido un encuentro casual: sin citas ni planes futuros.

Eso sí: apenas bordeaba Santa Ana y saludaba a Lorca de soslayo me llegaba una llamada inminente. Era mi padre y solía empezar de esta forma:
"¿Qué tal, chíspuli? Bueno, ya sé que has estado con el tío Sito".

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Cinco años de Cangrejeros

Tomo asiento delante de la pantalla en la que decido que va a ser mi tarde de asueto. La palabra le suena mal a Noe, pero en mis labios es mejor que la miel.
Entre baile y baile de Gangnam Style (el pelotazo coreano navideño) y Murcianico Style (primicia Yeclana), Coque Malla o Loquillo, coqueteo con la actualidad en el muro del feis y decido sacar unos minutos para repasar el blog.
Cangrejeros en Candela, un blog más.
Un retrato de lo que van para cinco años de viajes, de idas y venidas, de familiares y amigos, como tanto le gusta decir a Ismael Serrano (aunque él necesite cuatro horas...).
Horas muertas en distintas partes del mundo: Haffa Café de Tanger, Metropolitan en N.Y., lecturas compartidas, trenes, autobuses interminables, Lagunas de Montebello...
Unas cangrejeras desparejadas, ya en el armario, y que se empiezan a cubrir de polvo de no ser por el afán planificador incesante, el deseo latente de recuperar la vida nómada.
Una lucha que transcurre acodados en la barra de un bar, bebiendo para olvidar, un año de conciertos interminables y una navidad que sólo ha sabido retratar Almudena Grandes en un artículo leído al azar de camino a casa de mis padres en Nochebuena.
A todos los cangrejeros que han compartido este viaje y que ya saben de guiños a Burning, Loquillo, Verdú, Kapuscinski,...
Un fuerte abrazo, Felices Fiestas y buen vuelo 2013.


Si en este mundo no has logrado vivir

Maldigo mi destino
mi estrella se eclipsó
a lo largo de mi vida mi suerte no nació
pedí comprensión
sin poner ambición.

Como es posible morir si en este mundo no has logrado vivir.
Trabajar por el dinero o vender tu voluntad
defraudar a un buen amigo o compartir la soledad
tienes derecho a pedir que te permitan subsistir.

Transcurridos varios años mi desgracia sigue igual
defraudado y consumido no lo consigo superar
tengo derecho a pedir que me permitan subsistir.

Como es posible morir si en este mundo no has logrado vivir.

De sindicatos en la Banka

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, 
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, 
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, 
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
 
 
Niemöller

lunes, 10 de diciembre de 2012

Poesía económica

Arrinconado el empleado,
en su sombrío escritorio,
pena su maldita suerte,
tras un reciente comunicado
sabe que en breve engrosará 
el ingente número de parados.

La rutina en la empresa,
Sigue adelante
y los clientes
aguardan turno impacientes
Mientras las telarañas
Hacen su agosto
Sobre los expedientes de preferentes

Una señora clama justicia,
Desahuciada
Y acude al consulado para ser repatriada.

Mientras en su escritorio,
En su despacho,
En el piso doscientos, cerca del ático,
Nuestro muy señor Director, suspira.
Sus acciones han bajado.

jueves, 6 de diciembre de 2012

El tren de Arévalo.

El otro día estaba desayunando tranquilamente cuando apareció mi madre con un café descafeinado y me dijo: "Es que tengo la tensión alta. ¿Crees que me bajará si me fumo un cigarro?", a lo que yo respondí con evasivas, sin dar pie a un diálogo de serie estadounidense del tipo : "Hombre, sería mucho mejor un canuto y, eso sí: hoy nada de farlopa".

Y es que a veces te falta saliva para soltar esa frase memorable que todos llevamos dentro. Una parecida a la que narra Jabois en La vida por delante, una de las columnas de Irse a Madrid, que viene siendo algo así como "Pues con lo que sea ya hablamos". Algo típico entre colegas que resume el vacío y zanja cualquier discusión. A mí me recordó a aquella antológica que soltó Alvin tras un serio rechazo (tan serio que casi llega a la violencia) y que fue, más o menos, así: "¿Qué pensabais, que os ibais a ir a Canarias intactas?"

El caso es que este tipo de expresiones ágiles se confunden a menudo con la liviandad y eso transforma los parámetros de cualquier disciplina. El otro día, por ejemplo, Sergio, el hermano de Celia, nos dijo que este mes iba a un concierto de Extremoduro. Yo me pasé una semana rastreando por Internet y nada. Más tarde creí que podía tratarse de un acto clandestino, a lo Manu Chao en casas okupas. Hasta que, por fin, en el siguiente encuentro, deshizo el interrogante: "No eran para Extremoduro, son para Marea".

Y ahí está el gran problema: nos han dado Marea por Extremoduro y La Fuga por Reincidentes. Tuvo que llegar Melendi y hacerse un alisado japonés y la depilación anogenital completa acompañada de tatuajes de estrellitas para darnos cuenta de que la fusión murió con Compay Segundo. Hasta Pereza tuvo que posar en la revista de los 40 para que muchos concluyéramos que no tenían nada que ver con Burning, a pesar de los pantalones pitillo.

En la literatura pasa un poco lo mismo. Nos venden garrafón por concentrado igual que nos dan erotismo chusco por pornografía. Nos suministran las cócteles con dosificadores en botellas colgadas como jamones serranos en lugar de ponernos una copa bajita y la frasca al lado para que vayamos rellenando, como en las películas del oeste.

Después de La vida imaginaria y El español es un idioma loable, de Piedrahita, cogí por banda ¿Por quién doblan las campanas? y me encontré con un producto sin alteraciones, en estado puro. Con una escritura que me transportaba a un pueblo segoviano como el de mi abuela Lucía y a un tren procedente de Arévalo que pretenden estallar. Ese tren de Arévalo que remite a los "estáis aviados" o "te vas a quedar ahíto" que soltaba mi abuela y a muchas más expresiones que dejan claro aquello que dice un Hemingway malhumorado en Midnight in Paris: "Da igual lo que cuentes, lo importante es que sea veraz".

Por eso me dejé de historias, prendí uno de esos cigarrillos para la tensión que tanto le habrían gustado a mi madre, me hice con una botellita con rosca y un vaso llano y leí cosas como esta:

"Levantó de repente su cuerpo entumecido y en la luz que cegaba sus ojos entrevió a las personas del río agitando sus brazos. Saludaban al tren. Retumbaba en lo alto del puente, encima de todo, con un largo fragor redoblante, con un innumerable, ajetreado tableteo, que cubrió toda voz. Y pasaba de largo, dejándose atrás los adioses no oídos, los brazos levantados a los fugaces, incógnitos perfiles de sus cien ventanillas".

El jarama, Rafael Sánchez Ferlosio.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Colesterol literario.

El lunes me levanté temprano y di con la clave del fin del periodismo. Como está tan en boga y en blogs, teles y radios no hacen más que hablar del tema, preferí callarme. Eso sí, no pude resistirme a releer mi gran hallazgo: ¡7,40 por dos manzanillas! ¡Joder, así yo también digo que el papel no es rentable! No es que no sea rentable, es que es una ruina hasta para Murdoch. Es más, acabábamos de volver de Madrid y veníamos mosqueados porque la última ronda daba a 1,30 la caña. Casi el doble de lo que nos salió despedir la soltería de mi hermano en un bar con clase como este:
 

Ahí dentro sí que había honradez y trabajo. Y no como los trepillas de Curtidores, que aprovechan las horas fuertes del domingo para clavarte por una de sardinas. El el Bar Cascorro, los nuevos dueños pequineses no han tocado ni un número del menú a pesar de la subida del IVA, la inflación en el precio de las materias primas o el encarecimiento del petróleo. Nada. Ahí siguen, a cuatro euros la copa con dos hielos, güisqui hasta la mitad del vaso y una lata de 33 centilitros para que combines a tu gusto. Esto sí que es ser emprendedor y no montarte una organizadora de eventos, coño.

Antes de esa mañana de caras rosadas y gitanas vendiendo bragas pasamos la noche viendo pelis. Durante la elección, mi hermano y Noemí no hacían más que poner excusas para dar con la que más les apetecía:
- En blanco y negro no, que nos quedamos dormidos, alegaba Noemí.
- Musical ni de coña que nos aburrimos y Noe se duerme, añadía mi hermano.
- Esta la he visto tres veces y prefiero dormir a verla de nuevo, comentaba algo más caldeada Noemí.

Al final elegimos United 93, una de suspense y catástrofes, actual, en color y con subtítulos en castellano. Todo encajaba. Según la pusimos, Noemí nos la destripó con un ingenuo "Ah, esta es la del tercer avión del 11-S, ese que..." y nos narró en los primeros veinte minutos todo lo que iba a pasar. Acto seguido empezó a mostrar una intermitencia de parpadeo sospechosa hasta que se quedó frita. Al lado, mi hermano, que había dejado de hablar desde hace tiempo, seguía sus pasos. Ambos se escondían bajo una manta colorida, como se puede ver -difícilmente- en la foto:

Terminamos Celia y yo, como búhos, viendo un capítulo de Hung y despidiéndonos entre susurros. Al volver a Valencia, deshice la maleta y dejé las cosas en el sitio indicado. Cargaba el libro de memorias de Christopher Hitchens, Hitch-22, y le tocó la mesita de noche, cada vez más cargada de material. Tanto, que dentro de poco voy a tener que hacer un puente para apagar la luz sin espabilarme ni provocarme una luxación cervical. Entre esos espacio predeterminados está el baño. Allí amora actualmente un libro que Toni se resistía a prestarme, Irse a Madrid, de Manuel Jabois:

Cuando lo cogí de su torre de ediciones agrietadas de bolsillo, juraría que me dijo con cara de preocupación: "Cuídalo, que es una joyita".
Entre todo este alborozo literario recordé las palabras de Rafael Reig y dediqué el día de huelga para engullir La vida imaginaria, de Mara Torres. Reig dice que lee de todo del mismo modo que come de todo. Un día se mete un jabugo y otro, salami. A veces le da al Chivas y otras a los zumos Día. Puede pedir una ensalada orgánica y degustarla placenteramente o devorar una canasta de pollo del Kentucky. "Leer solo clásicos es ser un vegetariano de la literatura", considera. Yo, en mi día libre, busqué una buena hamburguesa del McDonalds y me la zampé sin pestañear. La verdad es que me gustó más de lo que esperaba y aún lo recuerdo una semana después, lo que es mucho pedir.
Con este intento continuo de dejar cada cosa en su lugar, encontré el último disco de Loquillo fuera de la estantería destinada a la música. Estaba en un pequeño altar dedicado a Buda, las conchas del Pacífico o del Índico, y a una piedra decorada con colores chillones.
Me resistí a cambiarlo y llamé a Toni, que, a eso de la una del mediodía, me dijo: "Voy a ver si tomo un café, que tengo el estómago vacío. Solo cigarros". Aún así, en su montón improvisado del salón y en los análisis de sangre los resultados le salen perfectos y le felicitan por sus niveles de colesterol, al muy cabrón.

martes, 16 de octubre de 2012

Un libro y dos paellas.

Llegué a la playa en bañador y mi madre me preguntó "¿te vas a bañar?", contestándose inmediatamente, "no, que hay mucha corriente". No me dejó ni tiempo para reaccionar, ni intentos de otear las olas ni nada. Me cerró de lleno el plan. Mientras, mi padre hacía la rana en la orilla dando muestras de tibieza dentro del agua de octubre.

Tanto ajetreo matinal nos dio hambre. Por eso recogimos la paella en el Macario y nos subimos a casa. Antes de que nos hubiésemos sentado, Celia ya estaba comiendo así:


Al arroz lo acompañamos con salmón y otros entrantes. Cada vez que mi padre pinchaba las patatas, mi madre suspiraba un "looooreeeennnnn" despacito, como de cabreo sostenido. Por la tarde nos esperó una siesta de verano, que sirve para cualquier época del año. Después fuimos a ver Lo imposible a un cine de Gandía. Como la película estaba dando resultados y a la gente le parecía que era una buena forma de pasar un sábado, en la sala ni recogían las palomitas ni daban descanso a las luces. Al entrar, mi madre dijo: "No veía el cine así ni aunque lo dieran por un euro". Algo un poco rebuscado pero cierto: estaba a reventar, no como en las pelis trasnochadas que ven los jubilados un martes por la tarde. De ahí que, al salir, le confesara a mi padre "al menos hemos visto un estreno", como reprochándole "siempre me llevas a las atrasadas, tacaño". No contentos con las palomitas, al llegar a casa montaron un ágape en la terraza que ni en las comuniones. Mi padre se hizo hasta un bocata a la una. Mi madre café con un buen pitillo. Mientras sacábamos la fruta, mi padre se sentó a leer el periódico y hacer los crucigramas tal que así:



La última mañana, antes de ir a comer otra paella a Cullera, se correspondió con otro bañito. En este se animó hasta mi madre. "Está estupenda", decía mientras se atusaba el pelo seco. Mientras yo iba a hacer sauna, corría y me leía El cojo y el loco, de Jaime Bayly, Celia repasaba unas fotocopias bien feas, con columnas y sin márgenes, como los comentarios de texto del instituto:



Yo no quería, de verdad. Pero no pude. Viendo que la siemprestudiando había tenido el decoro de ponerse un bikini y una gorra para bajar a la arena, tuve que acabarme el escandaloso, salvaje y feroz ejemplar de literatura peruana lejos de lo criollo. No como en casa, donde habitualmente me es imposible pues Celia salta y despotrica contra todos como Dios la trajo al mundo. Luego, además, pisa los apuntes sin piedad y se arrodilla como una niña castigada para clamar por su desdicha.

Eso que nos llevamos: una pequeña joya, dos paellas y un estreno "angustioso", según lo calificó mi madre antes de entrar o leer cualquier crítica de Boyero.

"- Presidente, ¿Sabes que deberías convocar elecciones?
Él lo leyó y buscó con cierta prisa el bolígrafo en el bolsillo de su camisa. Escribió u le entregó el bloc de nuevo.
- ¿Me dices eso tú?
- ¿Quién si no? Te eligieron para hacer una política. Las circunstancias han cambiado, ahora consideras que no debes hacerla. Disuelve las Cortes, di a los ciudadanos que te dieron su apoyo para un proyecto, y que la situación requiere, en tu opinión, medidas muy distintas, opuestas, y que les pide apoyo otra vez."
Acceso no autorizado, Belén Gopegui.


¿A quién se refería Gopegui cuando escribió esto, en 2010?

jueves, 11 de octubre de 2012

Perfumes de mujer.

La llegada a Nicaragua estuvo marcada por dos objetos bien fungibles: un cedé de Carlos Mejía Godoy y un nacatamal a primera hora de la mañana que a más de uno nos revolvió el estómago. De entrada. Luego hubo otras cosas: saludos, visitas a varias ciudades en un tiempo imposible y lecturas interrumpidas. Si queremos ir por partes, lo más propio es acertar a poner alguna de las diez mil fotos que nos hicimos desde que pisamos la estación de Managua. Un ejemplo rápido:


Si creíamos que se nos habían acabado las horas de asiento acolchado no podíamos estar más perdidos. La primera noche, en un bar que resultó ser un fast food de frijoles acompañado por la música de un trovador, se sacó el pastel y se repartió al por mayor: "Mañana, Granada. Pasado, León; y si nos da tiempo al otro, Massaya". Así lo resolvió Bayardo. Nosotros, por no parecer maleducados ni conquistadores dijimos que sí a todo sin saber que las pretensiones se equivalían a venir un fin de semana a España y ver (en autobús) Madrid, Sevilla y Salamanca.

Pero resistimos. Celia acompañaba más al grupo en los cánticos y gritos del grupo. Yo intentaba aislarme de vez en cuando en alguna lectura ligera, pero era incapaz:

Todos acabábamos en bloque. Algunos, incluso, eran tan conscientes de nuestro volumen que en los autobuses ayudaban a subir a la gente. Como Bayardo, que, con medio cuerpo fuera y la mejilla pegada a tres señores, se atrevía a decir "En el fondo hay sitio. No se corten". Una técnica muy utilizada que Karen tradujo en "Potense, que llevan ropa". Dijo que era lo que decían en El Salvador, sin poder contrastarlo con los provenientes de aquel país: Iris, sus padres y Vickry. Roberto, el padre, dedicaba el día a buscar música de la revolución y a intentar que viéramos El dictador y la comentásemos, algo que fue imposible después de que Celia se propusiese hacer una paella para quince.


Al acabar la ruta nos juntamos con Pablo y Patri cerca de la frontera con Costa Rica y pillamos un coche. Como solo llevábamos a Carlos Mejía, Pablo acabó cantando (con acento) "Son tus perfumes mujer, los que me suliveyan" -que nadie sabe bien lo que quiere decir y que, según sostiene una teoría lingüística de la Universidad de Zaragoza, se aproxima a "solviar": es decir, lo mismo-. No contento con esa matraca, añadía "tus ojos son de colibrí, ¡ay, cómo me aletean!". Por eso acabamos todos con cara de locos. Parando en las cunetas y pidiendo sopa de marisco. Eso, si queremos, además, ponerle un broche descolocado para unos días serenos:


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Mordiscos.

Ayer soñé que en El Cisne, tienda antológica de Las Matas, me atendía Rosendo y que, al pedir el periódico, me regalaba un disco suyo. La historia no se quedó allí. Poco rato después, bajé al garaje y el portero me dijo "¿Qué pasa, majete?" y yo le respondí "que no todo el que saca mete".
 
Lejos de ese intercambio tácito de letras carabancheleras y fuera de sentido, el ingreso al curro sin haber tenido vacaciones, pero con un fin de semana largo en Madrid, fue natural. Allí, el viernes me encontré con compañeros de beca. Me encontré con Elsa, que me dijo que en unas horas se iba a Grecia: "¿Qué, ya te han dicho que suplas a Enric González?", pensé. Al día siguiente me tomé un café en un bar que me costó 1,50. Como me pareció exagerado para Lavapiés decidí quedarme con el Babelia, que estaba encima de la barra. Esa misma mañana, además, Toni me había advertido: "Quillo, la entrevista con De Lillo es buenísima" (y, por si acaso, sí: el "quillo" es inventado, pero rima con el apellido del autor norteamericano) . No me dio tiempo a leerla porque fui corriendo a ver a Néstor en la puerta del Thyssen. Cuándo me vio venir con el Babelia y sin prestar atención a la hinchada del Atleti en Neptuno me dijo: "Coño, ya estás con el babelio", y no me atreví a contestarle que un vicio poco confesable que había descubierto hace poco era leer algunos artículos directamente en el servidor. Un riesgo que me costó un susto al ver que el artículo de Muñoz Molina venía en la página tres y que no había índice. Por momentos me acojoné. Después vi que era el nuevo formato del suplemento para darle gracia.

Esa noche nos juntamos con mi hermano en San Sebastián de los Reyes. Iba en bermudas y chanclas. Lo ideal para un concierto. Viendo al Jhonny Cifuentes de Burning moverse en el escenario, Néstor se giró y me preguntó: "¿estás seguro de que tú quieres ser así de mayor?".
La pregunta no estaba muy desviada. De hecho, unas semanas antes llegaba desde la playa a una entrevista y, sin darme cuenta, me puse una camiseta y un pantalón negro, que parecía Travolta en gris. En un momento dado, me dieron ganas de pisar un cigarrillo enfrente del entrevistado y ponerme a preguntarle agitando las manos. No lo hice, pero continué con esa pinta. El otro día iba más o menos al mismo sitio y por no encasillarme me puse una camisa tan blanca de manga larga que parecía Farruquito.



Y viene al caso porque, entre tanto trayecto, he ido masticando algunos alimentos frecos y vitaminados de los que aconsejan en verano. El primero fue Reconstrucción, de Orejudo, que compaginé con El hacedor de Borges (remake), de Agustín Fernández Mallo. Más tarde, en la estela de seguir dando mordiscos de no más de 200 páginas, me pillé Correr, de Jean Echenoz, y El último encuentro, de Marai.

Altramuces con poca piel para asegurarme de que no me pilla el toro con un libro a medias. Por si acaso. También, quizás, porque se me ha juntado con las recuperaciones de septiembre. Tal es así, que después de todo este periplo por la capital y de encontrarme con Toni en Valencia, subí a casa y no me acordaba de que Celia tenía que estudiar, como siempre. Estaba tan concentrada y había sacado tanto material escondido que tuve que llamar a mi compañera Tania para que le hiciera una foto:
 

jueves, 2 de agosto de 2012

La hoguera de la cultura

"Con niños no vas a poder ver tantas pelis ni leer cuando te dé la gana", me soltó ayer Celia en un ataque de ira post- Drive. En cierto modo, llevaba razón. Acabábamos de pasar dos días viendo deuvedés de videoclub y teníamos las 48 horas de margen estrechando cada vez más el cerco de nuestro propio gollete. Para poner un ejemplo, encadenamos tan futilmente Declaración de Guerra con El topo que a las dos horas no sabíamos si una trataba de espías con problemas matrimoniales o de niños enfermos en plena guerra fría.


Rápidamente, dejando de lado la cabellera rubia de Carey Mulligan y las strippers del local de alterne, me puse serio y le respondí algo así como: "No te preocupes, cuando tengamos una buena camada de retoños intentaré cumplir con mis obligaciones paternales y dejaré de lado mis aficiones estúpidas". Aunque reconozco que me acordé algunos segundos de la imagen de esa misma mañana en el tren:



El mayor leía 1Q84 de Murakami en francés. El menor dormía a su lado, intentando que las letras traspasasen las páginas y le llegara algo. A lo Oliver Aton con el balón de fútbol debajo de la almohada.

El caso es que había sido un fin de semana de locura. Yo respeté mi sauna diaria escoltado por Álex, que me dejaba en la puerta de su urbanización sin previo aviso y me decía "en media hora te recojo". Reconozco que pasé algo de temor y que me puse a ojear los semanales atrasados. Uno era de los juegos olímpicos y lo pasé como un álbum de cromos. El otro tenía artículos chispeantes como el de Roncagliolo, que explicaba el tipo de hombres que le gustan a las mujeres y reconocía que quedan pocas mujeres como las de Houllebecq, "que pueden masturbarte como profesionales mientras te hablan de filosofía contemporánea".

Luego había un reportaje sobre Miguel Bosé que parecía que era sobre Tino Casal.  Y, al final, regresé al blog impreso llamado La hoguera del capital, de Vicente Verdú, y me pregunté: "¿cuánto tiempo le durarán las peroratas sobre el capitalismo de ficción?", aunque reconocí que tenía cosas chulas e historietas que puedes utilizar en conversaciones de botellón.

Ayer, por la tarde, Celia llevó las películas al videoclub y le tocó pagar dos euros de multa. A mí no me importó demasiado porque hice eso tan rastrero y complaciente como es comparar:

"Bueno", le dije cariñosamente, "hemos visto tres películas por el precio de una entrada de cine". A lo que ella me respondió: "Sí, como si las hubiéramos visto igual", enfadada y con el mono de pillar otras tres más. A mí me dieron ganas de tirar todo a una hoguera conjunta de la cultura y acudir al desván de las cosas sin recargo, como una buena sauna en el piso de Álex.

martes, 10 de julio de 2012

La novela más Gopegui de Alberto Olmos

"No pretendo ser uno de esos gilipollas que creen que todo lo que hacen merece una metáfora. Yo solo busco anotarme, registrar lo que vivo. No hago biografía, hago inventario"
Ejército Enemigo, Alberto Olmos.


Terminas de leer Ejército Enemigo, de Alberto Olmos, y no te queda más remedio que quedarte pensando en algunas de las teorías que expone. La primera, y recurrente, es aquella de “la solidaridad ha fracasado”. Un postulado que atraviesa la trama y el misterio de toda la novela y que refleja una postura cínica y realista de nuestra sociedad de consumo. No es una piedra al vacío, es una tesis postmoderna muy a lo Belén Gopegui. No es echar las culpas fuera: todos estamos ahí. Todos somos esos burguesitos revolucionarios que queremos escondernos en la masa y pedir una solución para, por ejemplo, las selvas de Chiapas.
Pero lo mejor no es la disección de la caridad primermundista sino las guindas que va dejando. Recuerdo, varios días después de terminarlo, una de las anécdotas que cuenta: resulta que entre los publicistas corre la historia de un mendigo que pedía dinero con un cartel que decía “Soy ciego” y no le entraba ni un chavo. Un día, un empleado de márquetin escribió: “Soy ciego, pero hoy ha llegado la primavera” y la cesta se llenó de monedas. Pienso en que le gustará a mi hermano. Pienso en que el libro también. Creo que me la llevaré unos cuantos días más conmigo porque me ha cambiado la forma de mirar cada acción. Leo: Mermelada de fresas jugosas. Leo: Señóritas espectaculares para caballeros exigentes. Leo: elegancia, clase, discreción. Y sé que “jugosas” es la clave. La mermelada sabe igual (arrope artificial) pero el adjetivo le cambia el gusto. O caballeros exigentes, discrección. Palabras puestas al dedillo que engarzan con una seductora chispa mental.
Y dentro de esa sagaz mirada sobre lo contemporáneo, sobre lo que nos rodea, vuelve a salir la pregunta que ya planteó Toni hace unos meses: ¿Cuánto de Olmos hay en el protagonista? A lo mejor no queda una novela para los anales. A lo mejor solo es el salto a una editorial grande y el iceberg que se inclina hacia lo subterráneo, hacia las novelas pasadas. En cualquiera de los casos, merece la pena.

"Me vio y me hizo ir hacia ella. Me encontró mientras yo intentaba no perderme a mí mismo. Hambriento de Ella y de Nadie más. Su gran amor me da valentía y perfora mi miedo y mi rabia"
A la caza de la mujer, James Ellroy.

La referencia al libro de Ellroy es, simplemente, un homenaje al cierre del libro. a ese momento en que sacas el separador y lo introduces en la estantería. Al final de una época, aunque sea minúscula. En este caso, el cartón a medio gas llevaba pendiente desde el verano pasado y, por fin, lo liberé de su presa hace unas semanas. Además, me llevé unas memorias en forma de tiroteo. Unas memorias en forma de escupitajo y un recuento del autor en busca de esa mujer ansiada que no es, ni más ni menos, que el sosiego de su inconsistencia.

jueves, 21 de junio de 2012

¿Pirámides o Marqués de Vadillo?

"¿Pirámides o Marqués de Vadillo?", me preguntó Celia con voz suave, tierna. Al minuto, la interrogación fue una amenaza que me hizo pegar un brinco del asiento y mascullar "da igual", si tenemos que dejar el coche donde sea y caminar".

Ese era nuestro corolario a un fin de semana con boda, piscina y el broche del rastro. Un rastro que quitaba sus tiendas y comenzaba a filtrar a los disidentes de los puestos en los bares de alrededor. Nosotros, que llevábamos una cuesta arriba desde el río hasta Puerta de Toledo, preguntamos a Toni si quería tirar por Ribera de Curtidores y dijo, mirando una franquicia de Embajadores, "hombre, aquí tiene cerveza, ¿queréis algo más?"

Así que nos quedamos. Parapetados bajo una sombrilla y "ennoblecidos", según Toni, por no hacernos fotos brindando ni poniendo caras para colgar en el Facebook: "Estamos platicando y no nos hace falta nada más", insistió en su retórica existencialista que le pegó el barril del lugar.
A lo que pudimos convencerle fue a dar una vuelta por el enclave mítico de un guiri:

"Llévanos a Sol", suplicamos. Toni, que aceptó ponerse "un poco tontito" cada vez que se pasaba por Madrid y dejaba atrás su vida en el Raval, miraba hacia otro lado cuando, con acento de Gabino Diego, preguntamos por el kilómetro cero y nos hicimos esta instantánea:

Luego, Tizziana y Zoe se animaron y le pidieron a un ciego de la ONCE que las sacara con el oso y el madroño, pero la paciencia de Toni no daba a más y nos llevó a la plaza de la Cebada.

Allí nos íbamos despidiendo entre baldosas lamidas de sudor y nos acordamos de las tres horitas que nos quedaban para volver. Paramos en un mesón de la salida de Vallecas y nos cambiamos como si fuéramos portugueses. Celia echó para atrás el asiento y se colocó como David hace unas semanas:

 Le faltaban los chuchos, que aparecieron cuando, a las dos horas, empecé a arrullarme hacia su lado para que cogiera el volante. En la entrada a Valencia, esta vez, iba dando tumbos entre cuatro carriles mientras musitaba: "¿Avenida del Cid o Tres Forques?".

Ella, sin acelerarse, miró por la ventana y saludó a su primo, que se había puesto a nivel y nos hacía luces como un macarra de Gandía. Cuando tomé lña decisión acertada, cogió el móvil y escribió:

"Ye, primo, ¿has visto lo mal que conduce Alberto?"

miércoles, 23 de mayo de 2012

Mediterráneos y dos novelas comparadas.

Ayer leí varios extractos de Mediterráneos, de Chirbes, y me dieron ganas de no viajar. No porque no haga atractivos los sitios, sino por reconocer una sensibilidad a años luz de la del autor. Donde uno puede encontrar la poesía con el "azulcielo y la suave arena", él mete un "Venecia es nuestra ciudad secreta e interior, donde cada uno hace su maqueta" o un "La ciudad se convierte en un gigantesco taller en el que se reparan junto al mar las piezas gastadas o rotas de la gigantesca maquinaria delcapitalismo europeo" parta describir Benidorm. Lo leí, no obstante, con sumo gozo. Sobre todo porque pensaba que era el libro más adecuado para Pablo, que, cada poco tiempo, dice:
-Yo no voy a hacer más que viajar por el Mediterráneo.
Es cierto que a veces lo cambia por:
- Sudamérica. De ahí no me van a sacar.
El caso es que Chirbes relee sus propios lugares. Todos los que ha visitado y revisitado. las diferentes estampas de un mar y de unos paisajes que le devuelven a sus campos de "Tavernes o Alzira". Y hace mucha ilusión leer sobre sitios conocidos, aunque sea solo por el trayecto ebrio hacia la discoteca de turno.

En esta recopilación de artículos de viajes, el autor de Crematorio iguala Valencia con la costa tunecina o El Cairo. Entre medias, un mar en el que la gente escribe "de izquierda a derecha y de derecha a izquierda según la orilla".

Después de esta lectura, en definitiva, las ciudades árabes se empiezan a imponer frente a otros destinos de vacaciones. Un poco más después de tratar de ponernos de acuerdo con Pablo y Patri:

Yo (desde un locutorio): Oye, decidnos dónde estaréis por septiembre, que vamos.
Pablo (desde Honduras): Es que yo me quedaría aquí trabajando, haciendo lo que sea, porque todo prospera. Claro, que no sé si quiero convertirme en el más rico de Santa Rosa de Copán...
Yo: Bueno, pues entonces vamos a Honduras.
Pablo: Ni de coña, canijo, el 1 de julio que acabemos el curro ya estamos en el Caribe.

Así que ahí estamos: leyendo libros que te dejan a la altura del betún, recopilando direcciones para una próxima huida y dejándonos la pasta en cabinas donde el concepto de intimidad es parecido al que entienden los concursantes de Sálvame como tal tratando de ver dónde demonios podremos pillar a Pablo y Patri, que buscan su futuro en el otro continente. Hasta nueva orden:

Pablo: Otra opción que tenemos es volar y hacer el Mediterráneo desde Tánger hasta Madrid por el otro lado.

En fin. Las otras dos novelas del título no son más que un recuerdo lejano que me viene a la mente por una cuestión peregrina: ¿Se estrenará dentro de poco la adaptación al cine de Una novelita Lumpen? ¿Será el Manolete de la cinematografía chilena?
La historia es que cada vez que pienso en el libro de Bolaño no puedo dejar de ligarlo al de La hermana de Katia, de Andrés Barba. Así que este "versus" ficticio se queda en eso: tablas. Los dos libros -con el paso del tiempo- son iguales. Aunque, en realidad, el recuerdo de esa narradora sin nombre del de Barba es imborrable. Ambas son de Anagrama (hoy parece que me ha pagado Herralde) así que hay que tener cuidado al elegirlas.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Bendito Auster, señor Invierno.

"En aquel momento no eras más que un principiante, pero al menos estabas en marcha, por lo menos habías descubierto cuánto te quedaba aún por desear (...) Todos somos extraños para nosotros mismos, y si tenemos alguna sensación de quienes somos es solo porque vivimos dentro de la mirada de los demás" 
Diario de invierno, Paul Auster.

El escritor estadounidense Paul Auster se enfrenta a su invierno vital y creativo con un libro bonito, sencillo, de temática cercana y maquillando un biografía con la segunda persona, esa que alude o incita o impera.
Pero Paul Auster no se conforma con lo fácil, aunque lo que toque parezca sencillo. Da la impresión de que escribe como mastica o como pasea. Igual que al lector le da la impresión de que está leyendo el libro igual que ve una serie. Cierra el libro de  la misma manera que apaga el televisor. Porque precisamente esa es la idea: esta biografía no tiene capítulos, ni orden cronológico ni vacíos. Va a brincos, desde lo más resolutivo hasta lo trascendental. Y solo separan las historias espacios más amplios que cambian el tema.
Hace poco, Pedro Ugarte, un escritor vasco que acaba de ganar el premio Logroño de novela con El país del dinero, comentaba que le llama mucho la atención las biografías de escritores en las que no aparece su medio de vida -cuánto gana, cómo es su residencia- y destacaba el A salto de mata de Paul Auster que (según he hojeado alguna vez) habla de las penurias económicas por las que atraviesa el autor hasta que su nombre es ya un best seller mundial.
En este caso, el norteamericano hace lo mismo. Se enfanga en algún tramo (como el de las casa por las que ha pasado) y sintetiza demasiado en otros (como la locura de su madre). Pero lo importante, lo inevitable, es que es imposible desvelar el secreto del libro, porque -a fin de cuentas- en lo que consiste es en contar historia de forma atractiva. Y Paul Auster lo hace.
Me gusta, me atrapa y me recuerda a otros títulos suyos, sobre todo a La invención de la soledad. Pero, como me pasó con este, tengo miedo de que dentro de unos meses apenas me acuerde de lo que dice.

PD: Por cierto, el título es una copia del de Boyero de Babelia, que me pareció redondo. Como su articulo, claro.

jueves, 3 de mayo de 2012

Uncle Boonmee recuerda... vs. De Dioses y Hombres

El nombre impronunciable de un tailandés ya te hace sospechar. No sin razón, el único oriental clásico canonizado es un tal Kurosawa o, si nos ponemos quisquillosos y algo sibaritas, aquel Mizoguchi que me hacía preguntarle mi hermano con apuntes en rojo. Ambos bastante adecuados a la prosodia occidental. ultimamente, sin embargo, se nos están subiendo a la chepa sustantivos con muchas vocales y tildes extrañas que resumen una nueva cinematografía imposible de descifrar.
En 2010, Cannes premiaba a la película Uncle Bomme recuerda sus vidas pasadas y se quedaba tan ancho. La poesía visual y el arte simbólico plagaban las plegarias a este producto de altísima calidad.
El otro día la pusimos en casa. Anoche, recurrimos a otra, tambien adorada, llamada De Dioses y hombres.
Las dos provienen de filmografías exóticas. Las dos tienen lenguajes con abecedarios extraños (marroquí y árabe), pero se distinguen en muchas cosas.
En la segunda hay acción. Algo que hace tiempo que los directores han desdeñado. La primera tiene diálogos y silencios. Una prueba empírica de ir pasando las escenas con el mando a distancia te devuelve una estampa preocupante: en cada corte solo se oye el zumbido de mosquitos. Mucho paisaje frondoso, mucho lago en remanso y mucha contemplación de color naranja.

En la primera se habla sobre la soja del arroz y el té sin azúcar. En la segunda se habla de resistencia, culpa y riesgo.
Si grabar o contar una historia o hacer magia o elaborar ficciones es retratar la vida misma, adecuada a cada universo local, la primera cumple sus expectativas. Si es abrir una línea de debate, sensibilizar sobre una situación concreta o explorar nuevos terrenos imaginativos, la opción es la segunda.
No voy a insistir en la discapacidad sensitiva hacia lugares lejanos. Tampoco a apoyar la velocidad de la vida occidental en la que cualquier pausa es sinónimo de aburrimiento.
Lo dejo ahí: dos opciones a gusto de cada uno.

lunes, 23 de abril de 2012

El sueño del celta vs. No es un deporte de riesgo.

"El turismo convierte a los demás en pertenencias escenográficas que se pueden fotografiar y coleccionar. Los turistas son la cosa fea del mundo. ¿Acaso son los turistas la peor gente? ¿O es que el hecho de ser turista exterioriza lo peor de cada uno? No puede uno dejar de preguntarse si no es exactamente igual que ellos o si, al menos, no es percibido como tal por los autóctonos." 
No es un deporte de riesgo, Nigel Barley.




La diferencia entre Vargas Llosa y Nigel Barley no es solo el foco sino la mentira. El autor, precisamente, de La verdad de las mentiras, aboga por eso: ficcionalizar a cualquier precio una realidad histórica, vivida y sufrida. Y patina. No sé si patina como propuesta dieciochesca en pleno siglo XXI o como novela al uso sin más. Mientras, Anagrama rescata No es un deporte de riesgo, del inglés Nigel Barley, y acierta. Porque este autor no engaña. Ni en el sentido vargallosiano ni en el literario a secas.
Veamos:

El sueño del celta es un libro de 450 páginas dividido en capítulos como machetazos. Su estructura no engaña. De atrás p'alante en las historias del pasado y en presente atemporal en los pasajes carcelarios. El problema, a mi modo de ver, es que lo intenta hacer taaan bien y taaan clásico que no hay quien se lo crea. A su favor: está, como nadie se atrevería a oponer, bien escrito. Pero bien escrito a lo boom latinoamericano venido a menos. No bien escrito a lo moderno-entretenido-referencia. Algunas descripciones de amor homosexual dan grima. No por lo homosexual sino por la descripción. Abundan los torsos firmes desnudos, los penes erectos y las pieles suaves. Una aproximación cutre al submundo clandestino de amor gay. Pero lo que no se cree ni Dios es que el Roger Casement que narra la historia no sea un Mario VG en el congo (¡coño, si es que hasta le vimos en las fotos de EL PAÍS Semanal!) o en Irlanda o en Iquitos (¡córtate un poquito, VG, que ya has escrito 30 novelas sobre Iquitos!). En todas aparece tomando notas, viendo injusticias, pidiendo explicaciones. Algo que debe de haber visto él tan de cerca que no te crees, ni de coña, que sea el irlandés errante. Por lo demás, se lee al paso. no te cuesta dejarlo un par de semanas y volver a cogerlo -ya he dicho que parece un relato de entregas como el de El Congo del Semanal o el de Millás en Tokio- y se agradece terminar una novela "de verdad", si aun existen tales cosas. Nada mejor para hacerle publicidad y reivindicarla que sacar La civilización del espectáculo para aposentar lo que Babelia y demás "listas de los mejores" siguen marcando como "lo bueno".
 



Barley, al contrario, se escapa de prisiones. Es él anotando. No lo oculta. Sin embargo, su mirada va más allá de la realidad. En esta ocasión, se va hasta Indonesia para visitar a los toraja, una etnia que le da toda una lección de humanidad entre historias hilarantes. Nigel Barley encuentra el tono y consigue eso tan difícil de no querer que se acabe un libro. Ríes y aprendes, ¿puede haber algo más?

domingo, 15 de abril de 2012

Falla general o crematorio particular.

Parece que Valencia y la conciencia ciudadana de sus habitantes retoma el pulso a la vida tras décadas inmersa en la decadencia y corrupción de la política local. Ha sido necesaria una recesión económica mundial, una paliza policial a sus jóvenes estudiantes y un aeropuerto sin aviones, entre otros descalabros, para que los valencianos reaccionemos y nos convirtamos en el estandarte de las protestas nacionales contra los recortes en materia de educación.
La denominada “primavera valenciana” ha debido de pillar en bragas a analistas de todo el mundo por lo insospechable de que fuese precisamente aquí, en estas soleadas orillas del mediterráneo, donde haya caído la gota que ha colmado el vaso. La paciencia y el pasotismo valencianos parecía no tener límites hasta que la policía los ha sabido encontrar.
La primavera Valenciana empieza con las Grandes Vías cortadas. Primero, por los manifestantes. Y, después, por los monumentos falleros. Habrá que esperar para saber si el estruendo de las mascletádes resulta insuficiente para acallar a aquellos que se siguen citando debajo de las faldas de la fallera mayor para unirse, con sus protestas, al ritmo de himnos valencianos.
Esta es una de tantas contradicciones de la “torpe y abundante tierra” de Rafael Chirbes. Una tierra que a todos nos llama porque todos somos “Mediterráneos” y que, de una u otra manera, aunque nos empeñemos en marchar, acabamos por volver para “jugar con la marea”.
Una tierra en la que, hasta hace poco, todos nos quejábamos sin que nadie hiciera nada y donde la oposición política parece, salvo por honrosas excepciones, sumida en el sueño de los justos. A ver si hay suerte y después de fallas las Grandes Vías siguen cortadas y podemos seguir bajando a la calle para unirnos a las protestas lo mismo ahora nos unimos a los pasacalles para coreografiar el tema de “Meneo por aquí, meneo por allá- Tchán. Tchán- y cuanto más meneo, más gusto me da”.
Por lo pronto, y a pesar de lo que algunos publican, la huelga general estuvo bastante bien.